El fado que llevo dentro

*** Escrito por Laureana Fado (Ver bio al final) ***

Creo que el Fado no se elige. El Fado encuentra una manera de entrar en nosotros y, cuando nos damos cuenta, ya forma parte de lo que somos.

Mi historia con el Fado comenzó cuando tenía apenas ocho años. Era una niña de un pueblo muy pequeño de Portugal y, aunque entonces no podía saberlo, aquellas primeras canciones que escuchaba iban a acompañarme durante toda mi vida.

Mi primer amor en el Fado fue “Foi Deus”, de Amália Rodrigues. Recuerdo aquella canción como algo más que una melodía. Había en ella una manera de decir lo que a veces no encontraba palabras para expresar. Y quizás por eso el Fado se convirtió muy pronto en mi forma de cantar aquello que, en ocasiones, intentaban callar.

Yo no sabía todavía lo que significaba ser fadista. Solo sabía que cuando cantaba me sentía libre.

Después llegué a Lisboa. Viví allí, respiré aquella cidade, aquella cultura, aquella manera tan particular de sentir el Fado. Sin embargo, curiosamente, fueron pocas las veces que me atreví a cantar en una Casa de Fados.Tenía miedo. O quizá tenía poca autoestima. Y, sobre todo, tenía un enorme respeto por el género.

Sentía que para cantar Fado había que tener algo que decir, algo que haber vivido. Yo había vivido momentos difíciles, pero pensaba que no eran suficientes comparados con las historias que escuchaba en tantos fados.

Me preguntaba si realmente tenía derecho a poner mi voz en aquellas palabras. Con el tiempo descubrí que el Fado no tiene una única manera de ser vivido.

Empecé a escuchar a otros fadistas y, poco a poco, comencé a reconocerme en sus voces y letras. Ana Moura, Mariza, Kátia Guerreiro… Cada una, a su manera, me mostró que el Fado también podía ser presente, podía transformarse, podía seguir creciendo sin dejar de ser Fado. Pero… emigré a Madrid.

Llegué a España y empecé a dar clases de portugués. Un día, una señora que tenía un bar a dos calles de donde yo trabajaba preguntó en recepción si conocían a alguna fadista. Quería organizar noches de Fado en su local. Aquella pregunta fue un pequeño clic dentro de mí. ¿Fado en Madrid? Fuera de Portugal. Fuera de su cuna.

Y, sin embargo, allí había alguien que quería escucharlo.

Yo no tenía músicos, pero tenía ganas. Así que busqué. Y tuve la enorme suerte de encontrarme con Sergio Menem, argentino, violonchelista y también guitarra portuguesa. A partir de ahí empezamos a construir un repertorio. Poco a poco. Canción a canción.

La señora esperó que estuviéramos preparados.

Y aquella primera experiencia fue tan bonita. Acudió tanta gente a escucharnos que terminamos cantando todos los jueves.

Fue entonces cuando comprendí algo que nunca he olvidado: el Fado podía viajar. Podía cantar la saudade mejor que nunca porque estaba fuera de mi país, y esto representaba un canal para enseñar mi arte y mis raíces.

Después llegaron Francia, los centros culturales, nuevos escenarios, nuevos encuentros. Y también llegaron músicos que se convertirían en parte fundamental de mi camino.
Raúl Marques, productor y músico afincado en Madrid, produjo mi disco. Raúl Sánchez, al violín y la guitarra portuguesa, y Carlos Ramos, a la guitarra española, se convirtieron en compañeros de viaje. Con ellos llevo ya once años.

Once años compartiendo escenarios, ensayos, nervios, silencios, risas y canciones. Once años en los que hemos aprendido a escucharnos también sin hablar. Creo que eso se nota cuando estamos sobre un escenario. Hay una química que nace de los años compartidos y, sobre todo, de la confianza. Con ellos me siento plenamente cómoda.

Quizás por eso pienso que el Fado no es algo que yo devore. Lo voy saboreando. Lo descubro poco a poco, con respeto, con curiosidad y con la certeza de que siempre queda algo por aprender.

Vivir fuera de Portugal me ha enseñado que también se puede crecer en el Fado lejos de su tierra. Quizás dando pasos pequeños, pero dando grandes pasos en calidad. Cada concierto, cada músico, cada persona que escucha, cada canción que descubro es una pequeña parte de ese aprendizaje. Y he tenido la suerte de encontrarme con personas españolas que entienden realmente el Fado. Personas que lo escuchan con respeto y que son capaces de sentirlo incluso cuando no comprenden todas las palabras.

Porque esa es una de las cosas que más me emociona.

En Portugal estoy acostumbrada a escuchar un “¡Ah, fadista!”. En España, muchas veces escucho un “¡Olé!”.

Y me encanta.


Laureana Fado

Nacida en un entorno familiar musical y artístico, con solo 8 años decidió aprender a tocar la guitarra clásica, pero su profesora le invitó a cantar, y así interpretó aquel que sería su primer fado.

A partir de ese momento el arte entró en su vida: tomó clases de baile, de teatro, cantó en la iglesia de su pueblo y en grupos de música con amigos. Mientras tanto, el Fado le esperaba en un rincón, y reaparece en su vida a los 18 años, mientras asistía a un concierto en su pueblo.

Con 24 años emigra a España, concretamente a la capital, Madrid. Pero su primer concierto de Fado a nivel profesional fue en Zarza la Mayor (Cáceres), y a partir de ahí las actuaciones no pararon. 

En la actualidad, Laureana canta en festivales, teatros, eventos privados y restaurantes en Portugal, España y Francia. Además, es una las artistas destacadas de MyR, y en la sección Artistas puede leerse su biografía completa.

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