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  • Un semillero de tango en los arrabales del interior

    Un semillero de tango en los arrabales del interior

    El origen del tango, nacido en el arrabal, está ligado al paisaje urbano, a los grandes puertos. El tango “orillero”, ¿qué fronteras expresa?, ¿cuáles orillas?, ¿qué territorios definen el arrabal? Borges lo sitúa en esas míticas calles sin vereda de enfrente; en el poema “Al horizonte de un suburbio” describe:

    “Pampa: / Yo diviso tu anchura que ahonda las afueras, / yo me desangro en tus ponientes. […] Pampa: / Yo sé que te desgarran / surcos y callejones y el viento que te cambia. / Pampa sufrida y macha que ya estás en los cielos. / No sé si eres la muerte. Sé que estás en mi pecho.”

    La palabra suburbio viene del latín suburbium, compuesta del prefijo sub, bajo, debajo de, al pie de y la raíz urbs, urbis, que indica ciudad. La cosmovisión poética acorde a una aproximación etimológica lo ubica como un barrio periférico en la geografía urbana, lejanía en los márgenes que coincide con las clases populares, aunque en la actualidad las zonas residenciales de barrios cerrados, como antaño fueron las ciudades amuralladas, hayan tomado posesión de esos paisajes. La típica postal del tango argentino for export es Caminito en La Boca, a orillas del Riachuelo, o el emblemático Obelisco, enclavado en el centro porteño. Pero en esa invocación que Borges hace cuando mira al horizonte en que se extienden los suburbios dice Pampa. En la actualidad la periferia de las luces capitalinas son los pequeños pueblos y ciudades del interior donde el tango late, vibra, crece y se expande…
    Distinguida por tener un faro en medio de la llanura pampeana, Colón, provincia de Buenos Aires, es usina y baluarte del tango. Considerada “Capital del abrazo milonguero”, por la calidez de la comunidad tanguera y la proliferación de milongas, musicalizadores, profesores, que fungen como espacio de encuentro de una importante región, y “Semillero del tango”, por la cantidad y calidad de destacados bailarines con proyección internacional.

    La génesis de este fenómeno tiene un origen preciso, una fuente identificable, no fue producto de la generación espontánea. Esas semillas fueron cultivadas. Sus mentores son: Zulma y Roberto. Una pareja que a inicios de los 90, en un baile popular, vieron bailar tango a los mayores, la fascinación los inspiró y se propusieron una meta compartida: aprender esa danza de improvisación y abrazo hasta convertirse en bailarines y maestros de tango. El esplendor de la «década de oro» fue menguando; con la irrupción de los ritmos de la “nueva ola” en la década del 60 el tango fue estigmatizado y quedó relegado a ser «la música de los viejos». Los cambios aparejados por las industrias discográficas, sumado a los golpes militares, desmantelaron prácticas culturales propias del género; las orquestas típicas y los bailes en los clubes de barrio quedaron en nostálgicos recuerdos de tiempos pasados.

    Roberto y Zulma, sin sospecharlo, fueron parte de una generación que rescató al tango de tres décadas de letargo y lo hizo florecer para las siguientes generaciones. Viajes a tomar clases a Capital, ensayos caseros, y la constante observación de los bailarines mayores los consolidaron como pareja de baile. Comenzaron a recibir invitaciones para bailar en fiestas y eventos populares, le tomaron el gusto a la pista y los aplausos. Hasta que les pidieron que le enseñaran a bailar a una parejita de niños y ahí mismo doblaron la apuesta, comenzaron a dar clases y no pararon hasta formar un ballet. El “Ballet de Tango de Zulma y Roberto” se convirtió en semillero de bailarines consagrados que hoy se lucen en las mejores pistas del mundo. Mencionar a Diego Ortega, Campeón Mundial de Tango Escenario en 2010 junto a Chizuko Kuwamoto y Campeón de Tango Pista con Aldana Silveyra en 2025, en ambas ocasiones representando a Colón; Alejandro Quaglia, Director de “Para Dos Tango Studio” en Tokio; Gonzalo Cuello, bailarín prestigioso en Europa y Asia, así como Luis Capelletti y Leandro Vilches; Cinthya Tomino profesora y organizadora de prácticas milongueras en Países Bajos, son algunos de los reconocidos profesionales que dieron sus primeros pasos bajo la amorosa mirada de Zulma y Roberto.

    Además de sembrar artistas de primer nivel hicieron de Colón un centro regional milonguero que se caracteriza por los buenos bailarines, no solo por las destrezas en la danza sino también por el respeto de los códigos que involucra el baile social, tales como proponer, aceptar o desestimar la invitación a bailar una tanda, con cabeceo, mirada o acercándose a la persona, modos de desplazarse en la pista en sentido contario a las agujas del reloj, cuidando el espacio propio y de las otras parejas y, por supuesto, no hablar mientras se baila, aunque a muchos bailarines les encanta cantar mientras bailan…

    Cuando Roberto perdió a su compañera de vida y de baile se planteó un proyecto para homenajearla. Después de análisis, debates y consideraciones con la comunidad milonguera se concretó en la creación de “La Glorieta del Tango Zulma y Roberto”, que lleva el nombre de ambos unidos en ese espacio maravilloso que es una pista ubicada en la plaza central de la ciudad. Un lugar rodeado de faroles y banderas argentinas donde cada domingo distintos musicalizadores preparan las tandas que se bailan al aire libre, mientras los niños juegan en los areneros, se hamacan o se tiran desde los toboganes mientras escuchan la música y observan con naturalidad a las parejas que giran alrededor de la pista enclavada en la plaza. Los adultos y jóvenes pasean o se sientan a tomar mates en grupo en el césped, en los bancos o acarrean sus reposeras alrededor de la pista. El tango está ahí, vivo, en su dinámica de abrazos, disponible para la contemplación, una invitación a formar parte desde la escucha, la mirada o la motivación para animarse a ser parte de esas rondas danzantes. La plaza de pueblo es espacio público, abierto para todos; cada tanto se mete algún perro vagabundo o escapado de sus dueños al que los bailarines esquivan con destreza milonguera o los niños que ingresan a bailar como si fuera otro de sus juegos, una travesura que aporta picardía a una típica postal de baile popular. Así el Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es cultura que se torna tangible en los cuerpos. En ocasiones se invita a músicos y cantantes, se presentan cuadros coreográficos y se dictan clases de estilo canyengue, milonga o vals.

    Las semillas de Zulma y Roberto se esparcen, se arraigan, y crecen multiplicadas en este arrabal, rincón del interior, en medio de la llanura pampeana, todos los domingos el tango vuelve con la potencia de su historia, se hace presente y baila futuro en un maravilloso diálogo intergeneracional con aires de eternidad borgeana, esa en la que a los soñadores no les importa si son soñados por otros, mientras el sueño continúa…

    anexos

    Semblanza de zulma y roberto

    Aquí os dejamos un hermoso artículo de Juan Mascardi que reseña toda la historia de Zulma y Roberto, desde sus comienzos hasta nuestros día. Para acceder al enlace hacer click aquí

    el tango en colon – podcasts

    Podcast “El Tango en Colón” episodios realizados por estudiantes de la Escuela de Educación Secundaria N° 2 “Juan B Marenzi”.
    Click para oir Episodios 1 y 2. Próximos capítulos en curso.

  • El abrazo del Tango

    El abrazo del Tango

    Declarar Patrimonio Cultural de la Humanidad el Tango rioplatense ha sido un acertado acto de justicia por parte de la UNESCO con el sur. Las fundamentaciones lo caracterizan y describen como un arte performativo y participativo, forjador de identidad, que se hereda y se recrea, destacando su esencia dinámica y comunitaria.

    La denominación “intangible” o “inmaterial” para calificar la diversidad de manifestaciones expresivas que abarca es paradojal, si consideramos que se toca y nos toca: en el trazo de un fileteado porteño que viaja en bondi, en la sonrisa de Gardel, el “zorzal criollo”, que preside la pizzería de la esquina, en los acordes inconfundibles que asoman en el bajo fondo del rock, la poesía que nos toma por sorpresa una mañana cualquiera mientras escuchamos la radio y puede ser un viaje al amor o al desengaño en un chupón al mate, en el cabeceo que invita a la pista para caminar abrazados.

    Es tal su magia que, aunque nació en los arrabales del sur amerita ser de la humanidad. Las milongas proliferan desde Ushuaia a La Quiaca, desde Estambul a Tokio, en Paris, en Moscú, en Budapest se baila en las plazas. Personas que hablan distintos idiomas, profesan distintas ideologías o religiones, abrazan al tango para abrazarse en el tango. Música de raíz que nos planta frente a frente, con los ojos bien abiertos o bien cerrados, para avanzar como felinos, o como cangrejos, para reptar como serpientes o para volar como pájaros o ángeles.

    Tal vez la UNESCO en su declaración, aunque no lo explicita, se percató del valor del tango como promotor de la paz; capaz de abrazar gentes distintas y distantes. Ese potencial radica en una marca de origen. Género híbrido, de mestizaje, fusión, crisol. Afro, criollo, europeo. Pícaro, elegante, sensual. Nostálgico, reflexivo, sentimental. Rebelde y profundo “Como el hondo bajo fondo donde el barro se subleva”. Hecho de retazos de lenguas y patrias. Despedidas y encuentros. Barcos y puertos. El bandoneón abandonado en ignotas iglesias alemanas cruza el charco para ser llanto, queja, caricia. El lunfardo se erige esperanto en los conventillos de Babel. Quilombos le llaman a las catedrales de soledad y sexo donde improvisan y ensayan los pasos que nunca llevarán a ningún sitio, pero crearán caminos contrarios al reloj para desafiar el tiempo comiéndose la crueldad de Cronos.

    Todo ese sudor y polvo, brota debajo de las camisas y los perfumes.
    Aunque los salones hayan pulido sus pisos y las suelas sean de cromo.
    Aunque versiones tecno y electro recuperen los contoneos de juegos prohibidos. Aunque su técnica se perfeccione en academias.
    Aunque proliferen competencias que premien a los campeones, el tango destila barro, barrio, búsqueda desesperada de otro con quien inventar caminos, aunque sean como huellas que la marea borrará.

    Existen los salones de lujo, las pistas al aire libre, los espacios que se abren apilando las sillas y poniendo la mesa contra la bacha de la cocina, los campeonatos internacionales, nacionales, regionales, amateurs, profesionales, las milongas queer -pioneras en el intercambio de roles-, los centros de jubilados, los ETI (Encuentro de Tango del Interior) que proponen un compartir federal y comunitario cuatro veces al año en distintos puntos del país, los ya míticos contrapuntos de orquestas en vivo y los pogos tangueros de La Plata baila Tango, convertido en clásico religioso milonguero cada feriado de Pascua.

    Existen los hinchas de D’Arienzo con la taquicardia y zapateo al compás del Maestro, los fanáticos de San Pugliese que peregrinan arrastrando los pasos invocando su suerte milagrosa, los románticos de los dos Ángeles: Vargas y D’Agostino, los que dicen amo esta tanda, esta no me la pierdo y bailan todas las tandas porque aman todos los estilos. Porque a fin de cuentas el Tango es una pasión que abraza, que abrazamos, tan tangible que la UNESCO debería crear una categoría nueva para bautizar este patrimonio de la humanidad, tan humano como ese gesto que describió Eduardo Galeano en “El viaje”, de El Libro de los abrazos:

    «Oriol Bal, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo.
    Al principio de sus días, los bebés manotean como buscando a alguien.
    Otros médicos que se ocupan de los ya vividos dicen que los viejos, en agonía, al fin de sus días, también mueven los brazos como buscando a alguien.
    Todo se reduce a dos aleteos sin más explicación.
    Así de simple transcurre el viaje.
    «

    Así, en cada tanda, en cada tango, los milongueros condensan la vida entera como dos simples aleteos, donde el abrazo es el inicio y el final de todo, como el nacimiento y la muerte, antes y después de cada chan chán.


    Notas:

    • bondi: en lunfardo (slang argentino de origen popular, muy usado en el tango), que significa autobús, generalmente urbano.
    • bacha de la cocina: fregadero
    • pogo. En los conciertos, se llama así a la parte del público cercana al escenario donde los fans dan rienda suelta a su pasión por la banda bailando y saltando con sus temas.